. -¡Anna! ¡Anna! ¡Anna, reacciona por favor!
Oigo que me están llamando, son voces lejanas que cada vez se van acercando. Una neblina oscura impide que pueda ver mi alrededor, pero poco poco se va desvaneciendo.
-¿Qué... ha pasado...?
Pregunto arrastrando las palabras, no tengo fuerzas siquiera para hablar.
-Dios santo Anna, qué susto nos has metido a todos. Te tengo dicho cientos de miles de veces que comas y bebas bien, y tú como el que oye llover. -Me reprende Uri.
La verdad es que tiene toda la razón.
-Me he desmayado, ¿no?
-Te desplomado, -cuenta Uri- te has pegado lo que se define como una buena hostia. ¿Te duele algo?
Le miro. Pues sí, la verdad, me duele la cabeza terriblemente. No es como una jaqueca, pero es molesto.
-Sí.
-Sólo necesitas que te de un poco el aire y comer un poco para recuperar fuerzas. -Dice el doctor.
-Okey, comeré un paquete de Filipinos blancos.
Intento incorporarme, pero una ola de sensación de mareo hace que pierda lo poco que tengo de equilibrio.
-Tranquila, no te levantes todavía, aún no estás en condiciones de hacerlo. -Replica el doctor mientras pone sus manos sobre mi cabeza y me tumba con cuidado-. Voy ha levantarte las piernas y las colocaré sobre una silla, así te recuperarás más rápido.
-Gracias... muy amable.
Miro a Uri mientras el señor doctor ejecuta su fácil operación.
-Voy a por tus Filipinos.
-No hace falta, luego voy yo Uri.
-Tranquila, voy yo, es que no me fío de ti, ¿sabes?
Que majo mi amigo.
-Cómete otro.
-Ya no quiero más Uri, ¿no tienes que ir a ver a Daniela? Ya han abierto.
-No hay nada que más deseé en este mundo que entrar y verla, por eso tú vas a ser una excelente amiga y te comerás uno más y entraremos.
No es justo que se aprovechen de mi bondad infinita. Le miro malamente, le saco la lengua y me como un Filipino más. Él sonríe triunfante y me da un pañuelo.
Daniela está incorporada sobre la camilla contemplando su alrededor algo desorientada.
Cuando Uri y yo entramos, clava sus ojos en nosotros como una niña pequeña rodeada de extraños desconocidos.
Creo que eso a Uri le debe estar sentando como mil cuchillos clavándosele en el corazón en una sola vez.
-Hola, Daniela.
Se acerca a paso muy lento hacia ella, bajo su atenta mirada. Yo me quedo a los pies de la cama. Realmente, este es su momento, no el mío.
-¿Cómo te encuentras?-Pregunta Uri con calma.
No querrá ponerla nerviosa.
Ella mueve la cabeza hacia él y lo mira fijamente, sus pálidas mejillas se vuelven rosas y sus labios se sellan para no mostrar una sonrisa. Dios mío, ¡se ha puesto roja! ¡Eso es bueno! ¡Aquí huele a amor! ¡Le gusta Uri! ¡LE GUSTA URI! Si de esto se ha percatado él, los cuchillos se deben haber caído de su corazón. Sonrío para mis adentros y doy saltitos de alegría, interiormente como es natural.
-Me duele aquí. -Dice poniendo sus manos en el vientre.
-Es normal.
Tengo la sensación de que Uri no sabe si ella sabe que ha tenido una hija, y que ésta está viva gracias a todos los aparatos que cumplen las funciones vitales para poder vivir. En el caso de que no sepa nada, él no sabrá cómo decírselo. Pobrecillo, los cuchillos son atraídos por el poder magnético del corazón y se clavan de tal manera que casi será imposible que vuelvan a caer.
-Tú sabes qué me pasó, ¿verdad? Por eso estás aquí, me conoces.
Su voz, tan tranquila como siempre, me hace recobrar esa felicidad que hace ocho días me fue arrebatada de raíz, es precioso.
-Sí, te conozco.
-¿Y qué me ha pasado?
Te atropelló un vehículo que se saltó el semáforo mientras cruzábamos la carretera.
-Vaya... pues por mucho que lo inntente, no consigo recordar nada.
En sus palabras hay un alto contenido de frustración y dolor. Encoge el alma.
-Tranquila, -Uri apoya con cuidado su mano sobre la de ella- poco a poco.
Ella aparta la mano, él se alarma, la levanta, pero ella se la coge y se la acaricia.
-¿Te tenía cariño? -Le pregunta mientras le dedica una sonrisa muy adorable.
¡Qué bonito!
Uri sonríe y agacha la cabeza para ocultar su sonrojo.
-Sí, nos teníamos muchísimo cariño.
-Se te nota que eres un buen chico.
Sonríe y gira la cabeza para mirarme.
-¿Y tú? También me conoces.
Doy un paso al frente. No sé qué decirle, descontando lo de esta mañana, la última vez que hablé con ella, nos dijimos cosas muy feas.
-Sí.
No soy capaz de decir nada más.
Me dedica una amable sonrisa.
-Creo que tú y yo somos buenas amigas, perdona por no recordar los buenos momentos que seguro que hemos pasado, pero los médicos me han dicho que en cuestión de días recordaré todo.
Parece increíble cómo lleva su situación, no parece estar amnésica. Si yo lo estuviera, me asustaría, no confiaría en nadie que se me acercara, pero ella no, está tan tranquila. Es increíble.
-La verdad es que pasamos muchos buenos momentos, y más que vamos a pasar cuando te pongas bien.
Está claro que no aparenta necesitar palabras de ánimo, pero las apariencias engañan.
-¿Por qué tienes el brazo así¿ -Le pregunta a Uri.
-Me lo rompí en el accidente.
-Oh, lo siento...
-Tranquila, estoy bien.
Creo que Uri se está poniendo tenso, y sé el porqué.
-¿Fue en el mismo accidente que el mío?
La tensión de Uri se va reflejando poco a poco en su rostro.
-Sí.
-¿Había más gente con nosotros?
Dios, esto no quiero oírlo, y mucho me temo que Uri no quiere decirlo, pero ella insistirá y nos pondremos nerviosos todos.
-Sí.
Siento que se me va contrayendo el corazón, es como si me fuera a explotar de golpe. Daniela, va a seguir preguntando.
-¿Quiénes?
Uri agacha la cabeza, me mira de reojo y luego la mira a ella.
-Anna y su novio.
Ella me mira.
-Tú eres Anna.
Asiento con la cabeza.
-Y tu novio, ¿dónde está?
El nundo que se me ha formado en la garganta apenas me deja formular palabra.
-Está en la habitación contigua.
Quiero ir a verle, ahora no puedo soportar estas preguntas. Quiero ir a verle.
-¿También está mal?
Asiento.
-Está en coma, se dio un fuerte golpe en la cabeza.
Intentó salvarte la vida, y lo consiguió, gracias a él estás hablando con nosotros. Son las palabras que me quedo guardadas en el corazón. No puedo ni debo decirle esas cosas tan duras. Es esa puñetera envidia que todos los familiares o amigos de un enfermo tenemos. Creo que ya lo he explicado antes.
-Lo siento mucho.
-No pasa nada, ahora lo importante es que tú estás bien.
-Sí, pero tu novio... de verdad, lo siento mucho.
Su voz se vuelve temblorosa, intenta no derrumbarse, pero no lo consigue. Con cuidado se apoya sobre la almohada y gira la cabeza hacia donde no hay nadie y empieza a llorar. Uri le aprieta de la mano para intentar consolarla. Yo sigo ahí de pie en el mismo sitio. No me da ninguna lástima que esté llorando.
-Os dejo solos, voy a ver a Dani.
Dicho aquello, doy media vuelta y me voy a la otra habitación.
Le cojo de la mano. La tiene caliente, su piel está caliente. Le miro. Él no me mira, sigue dormido, como hace 8 días. Es un héroe. Me repito constantemente para consolarme. Los héroes no se desvanecen, siempre salen de cualquier apuro cuando parece que todo está perdido. ¿Y hasta qué punto eso es cierto? Todos sabemos que las historias de héroes que salvan a la chica, o al mundo de su fin es irreal, todo inventado por un escritor que deja volar su imaginación en cualquier lugar cotidiano. Esto es real, lo que está ocurriendo ahora mismo es real. El héroe está postrado en una cama tambaleándose entre la vida y la muerte, y en el caso de que viva... hay que ser realistas, puede que no sea el mismo de antes, puede tener secuelas. Los héroes de los tebeos no tienen secuelas, son invencibles.
-Eres un héroe, eres mi héroe... Quiero que vuelvas pronto. Cada vez siento que te necesito más de lo que nunca había imaginado. Creo que contigo estoy experimentando el verdadero sentimiento que es el amor. Hay distintos amores en la vida, todos sentimos amor hacia diferentes personas... hacia los padres, la familia, los amigos... hacia esa persona con la que queremos compartirlo absolutamente todo... -una lágrima salta y muere sobre mi muñeca- no sé si ya estás harto de que te diga que tú eres esa persona con la que lo compartiría todo, bueno, más que con la que lo compartiría todo no, sino con quien quiero compartirlo todo... Tú también querías compartirlo todo conmigo, ¿sabes? Es decir me pediste matrimonio -sonrío como una completa idiota y acto seguido los ojos me quedan anegados en lágrimas- quiero casarme contigo, quiero sentir que yo te pertenezco a ti y tú me perteneces a mí, aunque mi corazón es tuyo, ya lo sabes, fue tuyo desde aquel instante en que me salvaste aquella noche. Dios, te quiero.
Yo soy el dueño de su corazón. Ha dicho que yo soy el dueño de su corazón. Tú eres dueña de todo mi ser Anna, por favor no lo olvides nunca, eres dueña de todo lo que soy.
No puede oírme, yo no puedo verla, y apenas puedo escuchar lo que dice, todo resulta tan confuso... pero sé cuando ella está ahí, siento su presencia y haglo lo posible por no caer en la profundidad del sueño, intento escuchar lo que me dice, quiero disfrutar de ella, aunque sea de esta manera. Siempre me quedo con eas ganas de decirle que la quiero, que la escucho y que voy a luchar por salir de esta prisión oscura. Es todo muy frustrante, pero prometo que saldré y volveré, volveré junto a ella. Volveré.
LAMENTO TANTA TARDANZA. TENGO UNAS CUANTAS RAZONES Y MOTIVOS POR LOS CUALES NO HE PODIDO ESCRIBIR ANTES, PERO NO LOS MENCIONARÉ. SI OS HA RESULTADO POBRE EL CAPÍTULO, NO TENÉIS NADA MÁS QUE HACER QUE ESPERAR AL SIGUIENTE. PROMETO QUE TARDARÉ MENOS, MUCHO MENOS. ENRIQUECER VUESTRAS ALMAS CON UNA SONRISA.
@_TinaGarcia
Solo decirte, chapó. Un capitulo increíble. Dani de héroe y seguro que pronto saldrá del coma. Sin palabras. Next!!!
ResponderEliminar