viernes, 17 de enero de 2014

Capítulo 46: La despedida.

Las cosas suceden por alguna razón, dijo alguien que estaba apunto de perderlo todo, entonces se aferró a esa frase para poder soportarlo y no volverse loco. No hizo mal. Me siento a cavilar sobre esa frase, la analizo palabra por palabra, intento comprender más razones escondidas que puede tener, pero no, no encuentro nada, no lo entiendo. Entendedme, es que no entiendo como en tan poco tiempo un tsunami de mala suerte nos ha arrebatado todo lo bueno y nos ha dejado un sinfín de problemas que aparecen de debajo de las piedras. No lo entiendo. 

Uri entra en la habitación de Daniela. Ella estaba acompañada por dos chicas que más o menos tenían su edad, la estaban ayudando a hacer el equipaje. 
Uri se queda plantado contemplando la escena. Ella levanta la vista, y clava sus ojos en los de él. 
-¿Qué?
-Te vas. 
-Sí... 
-Te vas sin despedirte... 
-Iba a hacerlo. 
-¿A dónde te vas? 
-Pues a Barcelona, con mi familia. 
-¿Y Leila? 
Daniela se queda callada, mira a sus primas, ambas dejan lo que estaban haciendo y salen fuera para dejarles a solas. 
Daniela lo mira. 
-Uri yo... 
-O sea que es cierto, que la dejas aquí... -Dice él dolido y mosqueado. 
Ella agacha la cabeza, se seca las lágrimas que se van escapando por sus mejillas. 
-Entiéndelo por favor... 
-¿Qué quieres que entienda? ¿Qué una madre abandone a su propia hija? ¿Eso quieres que entienda? 
-Es que no... 
-No tienes excusas con las que argumentar lo que estás haciendo, y si estás llorando de verdad, es porque en el fondo sabes que lo que estás haciendo no está bien. 
-¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate! ¡No sabes de lo que estás hablando! 
-Baja la voz. 
-Pues deja de reprocharme. 
-Es que lo que estás haciendo no tiene nombre, bueno, tenerlo lo tiene, pero no es bonito. 
-Mira Uri, sé que no lo es, no está siendo fácil para mí, ¿sabes? Esto no es nada fácil, no es nada que haya decidido de la noche a la mañana. 
-Por favor explícate, porque por mucho que lo intente yo no lo entiendo. 
-Tenía que salir del hospital algún día, ¿no? 
-Sí, ¿y? 
-Pues que dado a que no he recuperado ni un segundo de mi vida pasada antes del accidente, pues me voy con mi familia a mi ciudad, sé que nací en Barcelona y que me he criado en Barcelona, con ellos estaré bien. 
-Yo también formé parte de tu vida pasada, vamos, me decías que yo era la persona más importante que había en tu vida. 
-Puede, pero ahora yo de eso no me acuerdo. 
-Podrías quedarte y yo te ayudaría a recordarlo, o si no podemos crear nuevos recuerdos para la posterioridad. 
Él es totalmente consciente de que se estaba rebajando a un nivel demasiado bajo, pero lo intentaría todo para que ella se quedara, hasta que no quedara ninguna posibilidad. 
-Eso era antes Uri, antes, yo ahora no recuerdo absolutamente nada, no puedo hacer nada. 
-¿Y no sientes ahora nada por mí? 
Ella niega con la cabeza. 
-Realmente yo ahora mismo no siento nada por nadie, ni siquiera por mis primas... ¿entiendes lo que te quiero decir? Yo no siento nada... créeme cuando te digo que esto me duele más a mí que a ti. Es decir, cada mañana me despierto sin motivos de vivir... porque no los recuerdo. Sé que tú eres un buen chico, que Anna es una buena chica, pero vosotros tenéis mucho encima como para dedicaros a ayudarme a recordar, por eso me voy, para que puedan ayudarme a recordar o como mucho a empezar una nueva vida... 
Él al escuchar esas palabras no puede evitar que las emociones rompan el muro de rabia y deje las lágrimas caer. 
-Mírate, -sonríe- eres un buen hombre, eres un cielo, pero yo no puedo ser una carga para ti, y ahora es como me veo, por mucho que te repitas a ti mismo que sí, que puedes hacerlo, que quieres hacerlo, pero es que alguien pequeñita te necesita más que yo... -Ella también estaba conmocionada. 
-Ella también te necesita... -Dice él intentando frenar la mar de lágrimas que se le escapaban. 
-Lo sé... -su voz se quiebra-, pero como ya te he dicho antes.... no siento nada por nadie, bueno sí, por ella sí... créeme. 
-¿Pero...? 
-Pero suerte que sé razonar, expresarme y leer, pero cuidar de un bebé... -Niega con la cabeza. 
-Dios... 
Se apoya sobre la camilla, se contiene todo lo que puede, no quería derrumbarse delante de ella. Ya no podía reprocharle nada, en cierto modo ella necesitaba alejarse de aquello, tampoco era plan de retenerla y de encerrarla en una casi segura depresión que la acabaría matando por dentro. 
-Lo siento... me tengo que ir ya... 
-Pero Daniela antes de irte, ¿no vas a ver a Leila? Aunque sea para despedirte... 
Ella se sienta en la silla y niega con la cabeza. 
-Lo entiendo... bueno, pues te acompaño si no te importa, vale?
Ella asiente. 
Uri empuja la silla de ruedas y la saca de la habitación, las dos primas cogen sus pertenencias y van con ellos. 
-Por fin vas a poder ver el mundo por fuiera, ¿estás con ganas? -Le pregunta él, quería subir los ánimos. 
Ella asiente y sonríe.
Bajan a la puerta, estaban esperando a un taxi para que las llevara a la estación de tren. 
-Despídete de Anna de mi parte, ¿vale? 
-Claro... 
-Sé que cuidarás bien de Leila. 
-De eso puedes estar más que segura. 
-Y espero que su novio se despierte pronto, la veo muy sola. 
-Sí, esperemos... 
-Hay un taxi libre Daniela, nos tenemos que ir. -Le dice una de las primas. 
-Bueno Uri, -se levanta de la silla y lo mira- cuídate, ¿vale? Nos veremos pronto. 
-Bien... cuídate. 
-Tú también. 
Ella se aleja lentamente con sus primas, suben al coche. Él contempla con lágrimas en los ojos como el coche se aleja y desaparece entre el tráfico.


Dani tiene los ojos cerrados, es como si estuviera dormidito como un ángel, pero lleva así ya mucho tiempo, quiero que se despierte y se comporte como un diablillo, mi diablo, mi pequeño gran diablo.
-Echo de menos tus diabluras... 
Poso mi mano sobre la suya que se mantiene inerte como siempre. Algún día espero que al tocarla, reaccione de alguna manera, que dé señal de que siente que estoy aquí. 
-¿Te cuento lo que me ha pasado hoy? -Sonrío, le voy a contar lo ocurrido de camino al hospital-. Pues íbamos tus padres, tu hermano y yo de camino en el coche para ir a verte, y entonces de repente empecé a sentirme mareada y se me revolvió el estómago, y menos mal que me diio tiempo a abrir la puerta del coche y he empezado a vomitar en medio de la carretera, en fin, que la he liado parda, -sonrío- también te digo que menos mal que lo he hecho cuando el semáforo estaba en rojo que si no le dejo perdida la tapicería a tu hermano. 
Agacho la cabeza. 
-Sí ya, sé que es algo asquerosísimo, pero es que desde que no estás conmigo no me pasan cosas divertidas... por eso quiero que te despiertes pronto, porque quiero vivir momentos divertidos a tu lado, bueno divertidos, románticos, aburridos... el caso es que tú estés a mi lado. Te necesito a mi lado mi amor. 
Como es previsible él no contesta, no dice ni hace nada. No espero el momento en el que él haga algún débil movimiento o algo, que dé señal de vida. 
Tina entra y nos mira, se acerca a Dani y le da un beso en la frente. 
-Hola mi niño. -Le susurra. 
Yo me levanto. 
-¿Te vas? -Me pregunta Tina levantando la cabeza para mirarme. 
-Sí, así dejo que entre Fernando o Nacho y estáis toda la familia junta. 
-¿Te encuentras bien? Sigues pálida.
-Sí, sí estoy bien, de verdad. Lo que sí que voy a hacer es irme para casa, puede que todo esto sea el cansancio, llevo varias noches que apenas pego ojo y bueno, voy a intentar dormir un rato. 
-¿No quieres que Nacho te acompañe? 
Niego con la cabeza. 
-Es que me sabe mal que tenga que hacer dos viajes de ida y vuelta, mejor que se quede con vosotros, yo cogeré el metro. 
-Bueno, ten cuidado. Llámeme cuando llegues. 
-Descuida. 
Me acerco a Dani y le doy un beso en la frente. 
-Te quiero. -Susurro, me quito las prendas de usar y tirar y me voy de allí. Me despedí de Nacho y Fernando y me voy. En la puerta veo a Uri sentados en un banco de la puerta. Me acerco, me siento a su lado. 
-Uri... ¿estás bien?
Él tarde en responderme unos segundos. 
-Se ha ido.... 
Oh Dios mío, ahora mismo no sé qué decirle para poder consolarle. Sé que Uri ahora está destrozado. 
Me mira y me coge de la mano para que me tranquice, sabe. 
-¿Sabes? Al principio no lo comprendía, pero lo hemos hablado y bueno, ella lo necesita de verdad... 
-En la vida no es todo o blanco o negro. 
-Hay grises. -Se queda callado y me mira-. ¿Qué vas a hacer tú ahora? ¿Has visto a Dani?
-Sí, le he visto, y sigue igual. Como siempre, ni para alante ni para atrás. 
-Las cosas como estas van muy lentas. 
-Ya, pero es que le necesito ya. 
-Ya, te entiendo. 
Me levanto. 
-Bueno, yo me voy ya. 
Él me mira. 
-¿Estás bien? Estás pálida. 
-Sí, estoy bien, necesito descansar. 
-No me gustaría que te desmayaras Annia. 
-Tranquilo, me he cogido una lata de coca-cola por si acaso. 
-¿Quieres qué te acompañe? 
-No, no gracias, prefiero ir sola. 
-Vale, hasta luego guapa. 
-Hasta luego guapo. -Sonrío. 


Llego a casa, por fin un rato para estar yo sola. Voy a la habitación, cierro la puerta y me quedo de pie contemplando la poca vida que hay, ahora siempre está ordenada, ya no hay zapatillas por en medio, ni camisas colgadas en el respaldo de la silla o el móvil en la mesita de noche. Me siento a los pies de la cama, y me paro a pensar en cosas que antes no lo había hecho. 
¿Cuánto tiempo lleva esto? ¿5 semanas? Sí, 5 semanas aproximadamente. El apartamento que compartía con Daniela está vacío, Daniela habrá cogido sus cosas ya y le habrán dado las llaves, ahora ya ahí no queda nada. Me levanto de la cama, abro el armario, contemplo las camisas de Dani. Cojo una que él se había puesto bastantes veces, no sé si era su favorita, la verdad es que varias habían sido sus favoritas, o sea se ponía muchas muchas veces... le quedaban todas tan bien... Me acerco la camisa a la cara, la huelo. Aún conserva su olor a Dani. Le quiero, le echo tanto de menos... Estrecho la camisa entre mis brazos, me acurruco en la cama y me quedo ahí, esperando a que los brazos de Morfeo me cogieran y me llevaran a lo más profundo. 


Me despierto sobresaltada, todo sigue igual tal como lo he dejado yo antes. ¿No han Nacho, Tina y Fernando? ¿Qué hora es? Si parece que es por la tarde. Cojo el móvil miro la hora, son las 17:45 PM. Pues sí que he dormido yo mucho. Veo que tengo varios mensajes en el WhatsApp, son de varios amigos míos y de Tina. 

Tina: Anna, no vamos a comer a casa, Uri nos ha contado lo que ha pasado y hemos decidido quedarnos con él. ¿Estás bien? Si te encuentras mal o algo, me lo dices y vamos a por ti. 

Veo que ella está en linea y recibo de inmediato un mensaje: 

Tina: ¿Estás bien? 

Le respondo de inmediato para que no se preocupara. 

Yo: Sí, estoy bien, me he pegado una buena siesta. ¿Qué tal está Uri? ¿Qué tal ha ido todo?
Tina: Bien dentro de lo que cabe. ¿Has comido algo?
Yo: Me acabo de despertar. 
Tina: Pues come algo, debes alimentarte bien. 
Yo: Vale. Luego voy para el hospital para ver a Dani y a Leila. En un rato nos vemos. 
Tina: Un beso. 


Me he comido un bocadillo de atún con tomate restregado. Mmm, es un manjar exquisito y asequible para todos los bolsillos, yo ahí dejo mi consejo. Me doy una ducha fría, me lavo los dientes y me preparo para volver al hospital. Todos los santos días la misma rutina, es agotadora, pero por él lo merece. Termino de arreglarme, me miro al espejo y me fijo en mi vientre. 
-¿Cómo les digo yo a tus padres y a todo dios que te tengo metido aquí dentro? ¿Eh? 
Pregunto al ser que está creciendo dentro de mí. 
-Ya, no tienes ni la menor idea, era de suponer. Todo irá bien, ¿vale? Mami te lo promete. Todo va a salir muy bien. 
Me voy a la habitación. No sé porqué siento el extraño impulso de abrir los cajones de Dani y coger algo suyo y llevarlo siempre conmigo. Me acerco a le mesita de noche, abro un cajón, rebusco entre sus cosas, posiblemente esto no esté bien, porque son sus cosas y estaré invadiendo su intimidad, no lo sé, pero siento que debo hacerlo. Encuentro su reloj azul, siempre se lo ponía, sonrío. Creo que me llevaré este reloj, pero no lo llevaré yo, esto mejor se lo dejaré allí, es suyo y tiene que tenerlo consigo. Lo guardo en el bolso. 
Cojo sus gafas de sol azules, sonrío al recordarle con ellas puesta. Era muy guapo, él, pusiera lo que se pusiera estaba buenísimo. Nadie se imagina cuanto lo necesito.
Aún con el reloj en el bolso y las gafas en la mano, estas cosas no son lo que yo quiero llevar conmigo a todas partes, no sé como explicarlo, quiero sentir que llevo parte de él conmigo. 
Entonces cuando menos me lo espero, veo su Ipod, ¡claro! ¿Cómo no lo había pensado antes? ¡Ahí estarán todas sus listas de reproducciones musicales favoritas! Eso es lo que necesito. Sonrío, lo enciendo, veo que la batería la tiene llena, bien, ahora podré escuchar sus canciones preferidas en los momentos en los que me sienta sola. 
Pase lo que pase, Dani, siempre va a ir conmigo vaya donde vaya, esté donde esté... SIIEMPRE. 


ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO EL CAPÍTULO DE HOY. OS IBA A DECIR QUE OS QUIERO MUCHO Y QUE GRACIAS POR TODO Y TAL, PERO YA LO SA´BIES, POR ESO OS VOY A PEDIR UN FAVOR, SEGUID LEYENDO ESTO, ES DE LAS POCAS PEQUEÑAS TONTAS QUE ME HACEN SENTIRME VIVA, POR ESO ES TAN IMPORTANTE PARA MÍ, USTEDES SON IMPORTANTES PARA MÍ, AUNQUE NO OS LO CREÁIS. UN BESO AMORES. 


@_TinaGarcia 

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