-No puede ser. No puede ser. No puede... ser.
Las palabras del doctor me han caído como un jarro de agua fría con cubitos de hielo. Dios mío, yo no puedo estar embarazada, es algo que no puede estar pasando. Dios mío. Dios mío. Dios mío. Si lo estoy realmente, ¿qué se supone que debo hacer? ¿Cómo se lo digo a sus padres? ¿Cómo se lo digo a los míos? ¿Y si Dani no despierta? ¿Qué haré yo con un bebé? Esas preguntas que nacen en mi cabeza y que no tienen respuesta, provocan que otra vez mis ojos queden anegados en lágrimas.
-Anna, ¿se encuentra bien?
Pregunta el doctor colocándome la mano en el brazo.
-¿Está seguro? ¿Está seguro de que estoy embarazada? -Le miro.
Él asiente.
-Todas las pruebas apuntan que sí.
-Dios mío, pero... Dios mío...
-Lamento que se vea en esta situación.
-Usted no sabe en la situación que me encuentro, haga el favor de no intentar consolarme. Si no tiene nada más que comunicarme, le agradecería que se marchara y me dejara sola. Necesito estar sola.
-Esta tarde, le haremos una ecografía para verificar si está embarazada o no. Cuando se encuentre mejor, avise y hablamos.
El doctor sale de la habitación.
Me tumbo en la cama.
-¿Qué harías tú Dani?
-¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te prepare algo para cenar?
Después de una larga tarde, Tina, Fernando y yo, llegamos a casa.
-Déjala mujer, la estás agobiando.
-Pero, mírala, si está más blanca que la leche. Anda siéntate que yo te preparo algo rápido para la cena. ¿Quieres algo en especial?
Me siento y niego con la cabeza.
-No, la verdad es que no tengo nada de hambre, pero gracias.
-De eso nada bonita, tú tienes que comer, ya te lo ha dicho el doctor, además que menudo susto nos has dado a todos. Ahora te tienes que cuidar, debes estar tranquila y alimentarte bien. Te prepararé una ensalada sencilla y de postre te comes un yogur del sabor que prefieras, pero no puedes ir jugando con tu salud. Ya me dirás qué hacemos cuando te de otro mareo de esos y te rompas la crisma. No es plan.
-Anna, esto llevo aguantando yo toda la vida.
Me dice Fernando riéndose.
-Tú a callar, venga, ven a ayudarme. Cariño tú descansa, -se acerca a mí- ya verás como todo sale bien. -Me acaricia el pelo, me da un beso en la cabeza y se va a la cocina.
Me quedo unos segundos abstraída por la nada. Me levanto y me voy despacio a la habitación de Dani. Cierro la puerta y me quedo en pie mirando la estanccia llena de un vacío que sólo Dani puede llenar. Me acerco al armario, abro la puerta y contemplo su ropa bien ordenada. Paso las yemas de los dedos por el mogollón de camisas colgadas en el perchero, sonrío al recordar cuando él se colocaba delante del armario para elegir cual ponerse y me miraba a mí para que opinara. Si lo pillaba juguetón, (que era la mayoría de veces) cuando yo le elegía una, él siempre me ponía alguna pega y me exasperaba de una manera que era para matarlo...
Analepsis...
Anna entra en la habitación de Dani, él estaba enfrente del armario trajinando con las camisas.
-¿Qué haces? -Pregunta ella sentándose a los pies de la cama para ponerse los zapatos.
-Pues nada aquí, que no sé cual ponerme. -Dice él distraído.
Ella se ríe.
-¿Cómo tienes tanta cara de quejarte cuando yo me arreglo? Mírate, estás a medio vestir y yo ya he terminado.
E´l se da la vuelta, la mira serio.
Ella levanta la cabeza y lo mira, traga saliva, no quería que se enfadara por esa tontería.
Al ver su preocupación, él sonríe.
-Tonta, que te lo crees todo. -Se da la vuelta y vuelve a lo suyo.
Ella sonríe derritiéndose por aquel hombre que sacaba de sus casillas hasta a las letras del programa de La ruleta de la suerte.
-Rubia, ayúdame, -coge un par de camisas, se da la vuelta y la mira- ¿cuál?
Ella las mira.
-Las dos te quedarán bien, todo lo que te pones te queda bien.
-¡Luego te quejas cuando yo te digo eso! -Dice imitándola.
-Cierra el pico. -Sonríe.
-Pues opina... Vamos.
Ella se levanta, se acerca a él.
-La de cuadros azules está muy chula, creo que con esa vas a estar muy guapo. -Sonríe y le acaricia la cara.
Él niega con la cabeza.
-Es que de cuadros... ya está muy visto, no me quiero encasillar, ¿sabes?
-Pues ponte la de rallas, esa te hace elegante.
Se da la vuelta y recoge las toallas mojadas que habían utilizado al secarse.
-Es que de rallas, no combinan con las Converses.
Anna deja las toallas en la cesta de la ropa sucia. Sabe que Dani tiene el propósito de divertirse exasperándola. No lo iba a permitir.
-Pues coge otra que no sea de cuadros y que convine con tus zapatillas. -Sale de la habitación y va hacia el cuarto de la lavadora para meter las toallas.
-¡Anna! -Grita él desde la habitación.
Ella sonríe y niega con la cabeza mientras programa el modo de lavado.
-¡Dime mi amor! -Se ríe para si misma.
-¡Que es que me han gustado estas dos! ¡No quiero otras! ¡Ven y ayúdame porfi!
-Voy mi amor.
Ella vuelve a la habitación, ve a Dani con las camisas en las manos, la estaba esperando.
-No sé cual ponerme... ayúdame.
Ella se cruza de brazos, lo mira seria, pero está haciendo un terrible esfuerzo por no reírse, correr a abrazarle y besarle.
-Mi amor... todas las que te pongas, te quedan bien.
-Pero, ayúdame jo... -Pone cara de niño pequeño.
Se acerca al armario.
-Anda, aparta. -Le da un pequeño empujón.
-Au... -Se queja en broma.
Me río y se ríe.
Ella empieza a mirar las camisas. Coge una blanca. Se la enseña.
-¿Y esta te gusta?
Él la mira, niega con la cabeza.
-Pero Dani, que tampoco es tan difícil, mira que el blanco combina con todo. Anda ponte esta.
-Vale, -coge la camisa, la contempla y la deja en la cama- no, esa no, quiero una negra, el negro también combina con todo y me hace parecer más machote.
Ella aprieta los labios, se da la vuelta, coge la camisa negra y se la da.
-Ten.
Él la coge, la contempla.
-Si me pongo la negra, ¿no iré muy oscuro yo? Además que las zapatillas no...
-Pues ponte las negras.
-Pero es que no combina el calzado con los pantalones y esta preciosa camisa.
Ella agacha la cabeza, se muerde el labio, lo veía muy sexy haciendo el idiota.
-Pues en vez de ponerte las zapatillas ponte zapatos, esos negros que te compraste la semana pasada aún no las has estrenado. Póntelas.
Él la mira, arquea las cejas, ya sabía que ella le estaba siguiendo el juego, lo que había empezado como una broma, se había convertido en una competición para ver quien caía primero.
-¿Y si me pongo unos vaqueros? Así sigo con las zapatillas.
-Vale, sí, buena idea.
-Pero, entonces de la camisa negra ni hablar, tendría que ser la de cuadros o la de rayas.
-Ya, pues la de cuadros.
-Ya te he dicho antes que si me pongo la de cuadros estaré encasillado de la forma de vestir.
-Pues al igual que cuando llevas las Converses y los vaqueros, es tu estilo.
-Ye, pero yo no quiero eso.
-Mi amor...
-Dime preciosa. -Sonríe.
-Ve desnudo.
-¿Cómo...?
-¡Claro! ¡Ve en bolas! -Sonríe.
-Pero, ¿qué estás diciendo rubia? ¿Cómo voy a ir desnudo? -Se ríe.
-Claro, ve en cueros, así no estamos tres horas eligiendo que ponerte.
Él se ríe.
-Es que soy...
-Eres muy cabrón.
Se ríe.
-No, cabrón no. ¿Sabes cómo soy Rubia? ¿Sabes qué soy para ti?
Se acerca a ella lentamente hasta estar a escasos centímetros. Ella da unos pasos hacia atrás hasta chocar con la cama. Él avanza y la acorrala sin tocarla.
-¿Sabes lo que soy para ti?
Ella contiene la respiración, no puede hablar, tenerlo tan cerca y percibir el olor a cuerpo recién salido de la ducha... a ella la mataba.
-Rubia... -Susurra-. ¿Qué te pasa? ¿Por qué no dices nada? -Sigue susurrando.
Ella es incapaz de decir nada. La ley de la gravedad juega y hace que ella se fuera para atrás, pero él la coge antes de que cayera.
-Ey... que te caes... -Se acerca a ella.
-Vaya vaya vaya, pero si estás temblando. ¿Por qué tiemblas?
Ella sigue sin decir nada.
-¿Sabes? Ahora mismo sé lo que estás pensando.
Ella niega con la cabeza.
-No, es imposible saber lo que uno piensa.
-Ya, es que ese poder solo lo tengo yo, y te voy a decir lo que estás pensando.
-A ver, ¿en qué?
-Ahora mismo, estás pensando en... -Se acerca a ella y le die al oído:- que quieres que ahora te tumbe sobre la cama y te haga el amor lentamente... -Susurra.
Ella se sonroja y se ríe.
-Claro, entonces si te hago esto... -Desliza su mano hasta tocar su culo, se lo aprieta.
Ella se estremece.
-Vaya, tu no querrás que te haga el amor, pero tu cuerpo me lo está suplicando.
-Dani, nos tenemos que ir, hemos quedado...
Estaba nerviosa.
-Pues por que esperen no va a pasar nada.
La suelta y la deja caer sobre la cama, se pone encima y la besa. El resto de lo que ocurre después, ustedes ya lo saben.
ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO EL CAPÍTULO DE HOY. QUIERO QUE SEPÁIS UNA COSA: TENÉIS EL LA PALABRA "GRANDES" GRABADA EN VUESTROS CORAZONES. ¡OS QUIERO!
@_TinaGarcia
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