-¿Cómo está Leila?
-Los médicos dicen que dentro de la gravedad está bien.
-Ya, ¿se lo has contado a Daniela?
-No veo el momento adecuado.
-En estas circunstancias no hay momento adecuado Uri, lo sabes. Tienes que contárselo.
-Lo sé, pero, ¿cómo se lo digo? No es una cosa que se suelte así de sopetón. No es fácil.
-En estos momentos es en ti en quien más confía, debes contárselo.
-Anna, sé que se lo tengo que contar, pero no está preparada.
-¿Cómo qué no está preparada?
-No, no lo está. Ahora está confusa, desorientada... no sé cómo reaccionará.
-Ya, pero tiene que saberlo, si se entera por otras personas puede tomárselo a peor.
-Es bastante complicado.
-Sí, es complicado, pero si algo he aprendido durante la vida, es que tenemos que afrontar lo que se nos eche encima.
-Ya... Oye y, ¿qué tal con los padres de Dani?
-Bien, son muy simpáticos y se portan muy bien conmigo, me ayudan en todo lo que pueden, son un amor. -Sonrío.
-Bueno, seguro que ese apoyo que os estáis dando ayudará a Dani a salir de esta.
-Cada vez que dices eso, te creo menos. No han habido cambios en estas últimas semanas.
-Anna, han pasado tres semanas, este es un proceso muy lento, hay quienes se tiran meses en coma, incluso años. Debes tener paciencia, ambos debemos tener paciencia.
-Dios... -me pongo las manos sobre la cara- yo no puedo tener paciencia... esto me está matando poco a poco Uri.
-Ya lo sé Anna, sé que es difícil, pero debemos aguantar por ellos, creo que merece la pena, ¿no?
-Por supuesto que merece la pena, pero es que apenas duermo, me obligo a comer porque todos me obligáis a comer, y como mi cuerpo no quiere comer, estoy con un constante malestar que ni te lo crees. Ahora lo voy sobrellevando, pero a la larga lo notaré como siga así.
-Sé como te sientes, créeme, pero eso es la mente, nos hace jugar malas pasadas.
Le miro.
-Tienes razón. ¿Subimos a ver a Leila?
-Claro.
Ambos nos levantamos, nos acercamos a la barra, soy la primera en sacar el dinero para pagar y lo dejo en el platito del camarero.
-Quédese con el cambio.
-Gracias señorita. -Me sonríe agradecido el señor que nos ha servido el almuerzo.
-No tiene porqué darlas. -Le dedico una sonrisa de cortesía, salgo de allí.
-Me las has colado por detrás Annita. -Me dice Uri mientras se pone a mi paso.
-¿Cómo dices? Perdona, es que estaba distraída.
-Ya te pillaré ya.
Nos reímos.
-Mírala, que pequeñita es.
Uri mira a su hija con adoración, su sonrisa es entrañable. Es una bonita estampa.
-Es preciosa. Me parece que será rubia.
-Vamos que se parecerá a su madre. ¿Cómo crees que tendrá los ojos? -Me pregunta Uri. Su voz ahora suena soñadora e ilusionada.
Cierro los ojos en modo de que estoy pensando.
-Mmm... pues yo creo que tendrá los tuyos.
-¿Tú crees?
-Sí, yo creo que sí. Sea como sea va a ser la niña más guapa del mundo.
Uri sonríe, ambos sonreímos.
La niña está rodeada de cables y tubitos, apenas se la ve, es muy pequeña.
-¿Te puedes quedar con ella? Voy a ver a Daniela, a ver cómo le cuento que es madre... los médicos dijeron que en cuestión de días recuperaría la memoria, pero ya han pasado sus dos semanas y ahí está, sin recordad nada.
-Paciencia Uri, paciencia.
-Aplícate el cuento guapa.
-Lo mismo digo. Anda ve, yo me quedaré aquí con la niña.
-Gracias Anna.
Sonrío y él me devuelve la sonrisa.
-Tranquilo, ¿vale? No te pongas nervioso.
-Gracias Anna. -Se aleja.
Le deseo toda la suerte del mundo, espero que Daniela encaje bien que es madre. La verdad es que lo que estamos viviendo todos es bastante duro y complicado. Como ya habré dicho antes, esto no se lo deseo ni al peor de mis enemigos.
-Hola chiquitita, tu madrina está aquí, sí, soy yo, tu madrina, Anna.
Uri entra en la habitación. Daniela está viendo la tele sentada en la cama. Al verle entrar sonríe.
-Hola Daniela, ¿cómo estás?
-Uri, -sonríe- mejor, ¿y tú?
-Bien si tú lo estás.
Se acerca y se sienta a su lado.
-¿Qué tal está Dani?
-Pues ahí está, sigue igual.
-Dios, cuanto lo siento... ¿y Anna? ¿Dónde está?
-Está fuera.
-¿Y por qué no entra?
Uri agacha la cabeza y empieza a jugar con los dedos de la mano. Estaba nervioso, no sabía cómo se lo iba a decir.
-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
Él no sabe que responder.
-Sí sí, estoy bien, pero te tengo que contar una cosa...
Ella lo mira.
-¿Qué pasa?
-Eh... es que no sé cómo contártelo.
-Pues por el principio.
Él sonríe.
-Ojalá fuera tan sencillo...
-Todas las historias tienen un principio, empieza por ahí.
-Bueno... pues empezaré por ahí...
Ella lo mira atenta.
-Cuando el coche te atropelló... tú, estabas embarazada...
Ella palidece por cada palabra que escuchaba.
-¿Embarazada? ¿Estaba embarazada dices?
-Sí.
-¿Quién era el padre?
-Yo...
-¿Y el bebé? ¿Dónde está...?
Su voz se vuelve temblorosa, y cargada de angustia.
-En la incubadora... Anna está con ella.
-¿Es... es una niña? -Pregunta con lágrimas en los ojos.
-Sí... -Él también estaba emocionado.
-¿Y cómo se llama...?
-Leila.
-¿Y cómo está?
-Está débil. Nació poco más de tres meses de antelación.
-Pero, ¿está bien?
-Dentro de lo posible, sí.
-¿Puedo verla...? Quiero verla.
-Se lo preguntaremos al doctor, a ver qué dice.
-Entonces, tenemos una hija tú y yo... ¿por qué no me lo habías dicho antes?
Uri se queda callado. El nundo que se le había hecho en la gargantee no le dejaba soltar palabra.
-¿Hay más cosas que no sepa? ¿Me ocultas más cosas?
Uri recibe esas preguntas como si fueran balas que acribillan su corazón y su alma.
-Daniela por favor para...
-¡NO ME DIGAS QUE PARE! ¡CONTESTA! ¿Algo más que tenga que no sepa?
Agacha la cabeza. Tal como están las cosas no sabe si es oportuno contarle que le pidió matrimonio.
-Tengo que ir a hablar con el doctor de Leila...
-¿Ahora? ¿Por qué? ¿Qué le pasa? ¿Está bien?
Daniela no podía contener los nervios.
-Quiero verla.
-Es una charla rutinaria.
-Me da igual, quiero verla.
-Se lo diré al doctor.
Se levanta y sale fuera.
-Pero... Uri...
Empieza a llorar, ya que Uri ha cerrado la puerta y no la ha oído.
Estoy en la sala de máquinas expendedoras, me quiero sacar un chocolate caliente. Meto el euro y veo que como el chocolate cae, pero el vasito no...
-Mierda.
Espero que al menos me devuelva mis sesenta y cinco céntimos... vaya pues no... me cago en la leche. Empiezo a golpear la máquina., quiero recuperar mi dinero por lo menos.
-Como le sigas dando lo único que vas a conseguir es que te rompas esas uñas tan divinas que me llevas rubia.
Me doy la vuelta. No puedo creer lo que estoy viendo, mejor dicho, a quien estoy viendo. Él me sonríe.
-¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la camisa?
Se sacude la camisa.
Yo sigo ahí plantada, estoy tan sorprendida que no puedo mover ni un puñetero músculo. Él sigue mirándome.
-Anna, ¿qué te pasa? ¿Estás bien? Me estás asustando... dime algo por favor.
-Dani...
-Dime.
-Pero, si tú estás... en...
-Estoy aquí Anna, enserio, ¿te encuentras bien? Estás rara... dentro de lo rara que eres, estás más rara de lo normal.
Me dedica una de sus sonrisas juguetonas y traviesas.
-¡Estás aquí! -Sonrío.
-Comprobado, tú te has metido chocolate y no el de la máquina precisamente.
-Cállate, -me río- estás aquí, ¡estás bien!
Me mira extrañado. Se ríe.
-Va enserio, te has metido algo.
Se acerca a mí, y me mira a los ojos.
-Sigue mi dedo con la mirada.
Empieza a mover de un lado para otro el dedo y yo se lo sigo con la mirada. Me río.
-Las pupilas las tienes bien.
-¡Dani que no me pasa nada!
Me río. Él se ríe.
-Vale vale, usted perdone. Anda ven, dame un abrazo. -Levanta los brazos para recibir mi abrazo-. Anda ven, que no muerdo... -sonríe- bueno... ahora no.
Me río. Me acerco para abrazarle, pero unas gotas de agua fría me golpean la cara. ¿Qué pasa? No lo entiendo.
-A ver, cuento hasta tres y la subimos a la camilla.
-De acuerdo.
-Una, dos, y tres... arriba.
Suben a Anna a la camilla.
-Chica, ¿me oye? Hola... ey...
Uno de ellos le da palmadas en la cara.
-No reacciona.
-Se ha dado un golpe en la cabeza.
Dice uno de ellos. Van por el pasillo hasta llegar a una habitación vacía.
-Avisad al doctor Domingo.
-Enseguida.
Los dos enfermeros salen y otro se queda con ella. La mira, le toma el pulso.
-Chica... ey, ¿puedes oírme? -Intenta reanimarla, pero ella no responde.
Pasan varios minutos. Entran el doctor Domingo y uno de los enfermeros que había ayudado a trasladar a Anna.
-¿Qué ha pasado?
-Estaba para tomarme un café y esta chica se desmayó casi al instante, creo que se ha dado un golpe en la cabeza. Lleva cinco minutos inconsciente.
El doctor se acerca a ella, empieza a examinarla.
-Oiga, ¿puede oìrme? Dígame algo. -Mira a uno de los enfermeros-. Buscad entre sus objetos personales, a ver cómo se llama y si hay alguien a quien debamos llamar. Llevadla a que le hagan un escáner, también quiero una análisis de sangre, si se despierta me lo comunican de inmediato.
-Bien.
Uri baja a la cafetería después de hablar con el doctor sobre la evolución de Leila. Todo parece ir yendo bien, de momento no han habido más complicaciones de las esperadas. Tina, Fernando y Nacho estaban en la puerta de la cafetería para comer todos juntos.
-Hola, ¿qué tal? -Saluda a todos.
-Bien, ¿qué tal Daniela y tu hija?
-Daniela bien, la niña... va tirando...
-Ya verás como todo irá bien, se van a poner bien.
Le anima Tina con una amable sonrisa.
-Eso espero. ¿Qué tal Dani?
-Tiene un poco de fiebre, pero es normal, ahí se cogen muchas infecciones de los enfermos. Hasta que no salga, va a estar teniendo fiebre día sí día no.
-Ya... -Agacha la cabeza.
-Por cierto, ¿tú has visto hoy a Anna? No ha venido a ver Dani y no nos ha dicho nada.
-Pues ahora que lo dices... no he hablado con ella desde que se fue a tomar un chocolate. ¿La habéis llamado al móvil?
-Nos hemos quedado sin batería.
Le responde Nacho.
-Pues esperad un momento.
Coge el móvil, le da a marcación rápida y espera. Da llamada. Alguien responde, evidentemente no es Anna.
-Hola. -Responde una voz de hombre.
Uri se queda callado durante un segundo.
-¿Quién eres? -Pregunta extrañado y asustado.
-Perdone, ¿usted es Familiar de la señorita Anna Simon?
-Amigo suyo, ¿quién eres tú? ¿Qué haces con su teléfono?
-Verá señor, su amiga se ha desmayado hará unos veinte minutos, estamos haciéndole pruebas para averiguar a qué ha podido ser debido.
-¿Cómo? ¿Esta bien?
El tono de voz almarma a los padres y al hermano de Dani. Miran a Uri para que les dijera qué ha pasado.
-No sé nada de ella señor, se la han llevado a hacerle las pruebas. ¿Podría alguien acercarse aquí para recoger sus pertenencias?
-Sí sí, iré yo, estoy abajo, ¿en qué planta están?
-En la primera planta de urgencias.
-Bien, enseguida vamos.
Cuelga y mira a los demás.
-¿Qué ha pasado? -Pregunta Tina.
-Anna se ha desmayado. Está arriba haciéndole pruebas para averiguar porqué ha pasado. Voy a subir a recoger sus cosas y a ver lo que dicen.
-Te acompañamos. -Dice Fernando.
-Claro.
Suben arriba, se aercan al mostrador. El enfermero estaba con el ordenador.
-Hola buenas, acaban de decirnos que una amiga se había desmayado y que le estaban haciendo pruebas para saber que le pasa.
-Dígame el nombre. -Dice serio el enfermero.
-Anna Simon Marí.
-Un momento por favor.
Empieza a buscar en el ordenador.
-Sí, esperen un momento, enseguida mi compañero les trae sus cosas, en cuanto sepamos algo el médico les avisará.
-Gracias, pero, ¿usted sabe algo?
Pregunta Tina nerviosa.
El enfermero la mira desagradable. Es de esos que siempre encontramos y que no saben manejar una situación delicada, de esa gente que da asco, ya saben.
-Señora, yo no sé nada de lo que le haya pasado a su amiga, no soy médico ni mago, si lo fuera no estaría aquí.
Uri le pone mala cara.
-Vámonos a esperar al médico. -Les sugiere.
Todos se van para la sala de espera, se sientan.
-Dios, no damos para sustos. -Dice Tina frotándose la cara con las manos.
-Mira que le tengo dicho que coma bien...
-No, pero si come bien. -Dice Fernando mientras coloca la mano sobre la espalda de su mujer.
-Sí, cuando estamos en casa, le cocino y se come todo. -Dice ella.
-Puede ser el cansancio también.
-Dice Nacho.
-Todo puede ser. Esperaremos a ver que dice el médico.
Abro los ojos. Estoy sobre una camilla. Dios mío, ¿otra vez? ¿Qué me ha pasado esta vez?
Entra un una enfermera. La miro. Ella me mira.
-Hola Anna, ¿qué tal te encuentras?
-Eh, ¿qué me ha pasado?
-Te has desmayado. Te hemos hecho varias pruebas, estamos esperando los resultados. Voy a avisar al doctor para que venga a verte.
Se va.
Había visto a Dani, había estado a apenas un metro de mí, estaba conmigo, iba a abrazarle, pero antes de poder tocarle todo se ha desvanecido. Está claro que ha sido un sueño o algo así.
Cierro los ojos, el ardor que recorre mi cuerpo antes de llorar me invade, las lágrimas resbalan por mis mejillas, es que lo tenía tan cerca, estaba tan cerca... su voz tan dulce y alegre...
El doctor interrumpe mi soledad al entrar.
-Buenas tardes Anna, me alegra verte despierta. -Se acerca a mí, se detiene al verme llorar-. ¿Te encuentras bien? -Coge un par de servilletas y me las tiende para que me limpie la cara.
-Sí bueno, eso dígamelo usted, ¿qué me pasa?
-Le hemos hecho varias pruebas y todo le sale bien...
-Ya, todo psicológico, es que tengo a mi novio ingresado desde hace tres semanas, está en coma y no hay cambios, yo lo que quiero es que se recupere pronto y que vuelva a casa, pero tengo que asimilar que estas cosas son lentas, que tengo que ser paciente...
El doctor me hace un gesto para que me calle.
Le miro.
-Cierto es que la ansiedad influye muchísimo en los desmayos, pero hay algo más.
Le miro atenta.
-¿Qué ocurre? ¿Va todo bien?
El doctor se sienta a mi lado.
-Está embarazada, de unas seis semanas apróximadamente.
...
PUES ESO, QUE CONTINUARÁ. OS QUIERO VIDAS MÍAS!!!!!!!!
@_TinaGarcia
Pobre Daniela, pobre Uri, pobre Leila y Anna embarazada!!!! Me has matado con eso!!! Ojalá Daniela recupere la memoria, Dani despierte y que la niña se recupere.
ResponderEliminarCapitulo muy bueno, en tu línea. Y como siempre Next!!!
Bueno el capitulo esta bien pero el final deveria de ser inolvidable. A por eyo a por el libro yo haria una novela en libro
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